martes, 22 de junio de 2010

¿Nostalgia?


Era el primer día de la clase de historia, el transporte estaba vuelto un caos consecuencia del tremendo chubasco que había caído por espacio de dos horas, por lo que llegué tarde. El aula ya estaba llena y no tuve más remedio que sentarme en la última fila. Trataba de incorporarme a la docencia más no podía, a la distancia no era capaz de mantener el hilo de lo que el profesor decía, pues apenas sus gestos eran visibles y su voz llegaba intermitente a mi oído hasta que mi interés se desvió totalmente de la clase.
Y fue así como mi mirada fue surcando cada uno de los espacios de aquel salón hasta que mi atención fue a parar sobre aquella joven sentada a tres asientos de mí en dirección diagonal, era una muchacha de estatura promedio, cabello oscuro, y tez blanca, aunque llevaba unos antejos de espejo grueso lucía divina y de perfil su rostro parecía ser esculpido por el mismo dios Apolo quien no escatimara esfuerzos en modelar tan admirable belleza.
En un abrir y cerrar de ojos el tiempo pasó y la clase terminó, por lo que fui el primero en salir del salón y una vez afuera esperé que cada uno saliera hasta toparme con la joven que me había deslumbrado para así aprovechar el alegato de la tardanza en clases e iniciar conversación.
Esperaba ansioso a que saliera, tanto que podía sentir mis manos y pies sudorosos. Cuando por fin salió me interpuse en su camino y la detuve.
-Hola, disculpa la molestia - referí.
-¿Si? 
-Disculpa, resulta que por la lluvia llegué tarde a clases y necesito que me prestes tus apuntes.
-O lo lamento, ando un poco apurada - respondió.
-No te tomará más de dos minutos, y con ello le harías un gran aporte a la sociedad.
- ¿A la sociedad? - me interrumpió.
- Sí, pues estarías haciendo el favor a uno de sus hijos y por tanto sería un favor en pro de ella misma.
La imagen de su rostro cambió de indiferencia a confusión y por un instante quedó pensativa para luego decir:
-Está bien, te dejo mis apuntes, no puedo detenerme ahora mismo por lo que espero me los puedas llevar inmediatamente termines a la cafetería del economato.
Me entregó el cuaderno, y tomó de mi cabeza la gorra que llevaba y en ese mismo instante se marchó diciendo:
-Esto me dará la certeza de que vendrás inmediatamente a devolver lo que me pertenece.
Me detuve por un instante allí a la salida del salón, contemplando sus letras, cada página escrita, cada línea de texto, cada palabra, cada trazo, una y otra vez hasta que sin darme cuenta habían ya pasado unos veintisiete minutos, el cielo se había tornado gris y comezaba un torrencial aguacero y había olvidado copiar el material, sin ganas de dejarla esperando me dirigí apresuradamente a la cafetería bajo aquel repentino diluvio para no fallar en mi compromiso moral con aquella dama.
Cuando me acercaba la vi a través del cristal, estaba dentro del establecimiento, sola sentada en una banqueta, pensativa, con los codos sobre la mesa y la cabeza mirando ligeramente hacia un lado y apoyada en sus manos. Entré y fui directamente a donde estaba, me senté justo frente a ella y ni parecía percatarse de que estaba allí por lo que chasqueé mis dedos tomando así su atención.
-¿Qué te sucede?- le pregunté.
-Nada - me respondió.
Indudablemente algo pasaba por lo que insistí nuevamente.
-¿Me dices que sucede? 
-Es solo el día, me trae nostalgia dijo mientras seguía pensativa.
-¿Y porqué? 
-Ahora tengo que esperar que pare de llover para poder irme a casa aún viviendo cerca de aquí, sin embargo en niñez, mi familia vivía en las afueras de la ciudad, en un barrio pobre, pero teníamos la dicha de que podíamos jugar en la calle, y los días así como hoy, salíamos a jugar bajo la lluvia sin que nada más que nuestro deseo de disfrutar el momento nos importara.
-¿Me das un segundo? interrumpí.
Me dirigí al dependiente, con quien gestioné dos bolsas plásticas de las que solo una estaba integra, la tomé y volví a mi encuentro, tomé sus apuntes, mi gorra, mis apuntes, su bolso y mi billetera y los coloqué dentro de la bolsa mientras ella me miraba con recelo. Una vez terminé, tome la bolsa y le dije, vámonos!.
-¿Qué? ¿Estás loco? dijo ella.
-No, solo un poco.
Ella lo pensó por un segundo, se levantó de su asiento y se incorporó detrás de mí y salimos con rumbo a su casa.
Nos fuimos caminando uno junto al otro bajo la lluvia, empapados y antes de salir del campus la tomé de la mano, continuamos caminando uno junto al otro, charlando, riendo, pero sobre todo disfrutando de aquel momento único sin que nada más que nuestro deseo de disfrutar aquel instante nos importara…
…de repente me encontraba en el aula, sentado en el mismo lugar, la clases acababa de terminar y aquella con quien en mis pensamientos había pasado tan explendida tarde ya se había marchado.
Fin.

miércoles, 24 de febrero de 2010

A través de mí



A tra
vés de mí


Y aparecías nueva vez en mi vida, te había sepultado en mi pasado, te alejaste tan repentinamente la última vez que estuviste aquí, que ya no creía posible volver a verte.

Recuerdo claramente aquel último encuentro, y aunque en mis pensamientos no éramos tan cercanos, en mi interior, tenía la certeza de que eras parte de mí, quizás eso no fue más que un pensamiento, una ilusión, un deseo de tener al fin algo mío, bueno o malo, y ese algo eras tú.

Tantos años compartidos, tantos años de vivencias, en los que tú tomabas parte y siempre aparecías en algún momento u otro, tantos años de conocerte que ni recuerdo nuestro primer encuentro, un primer encuentro que me marcaría para toda la vida, pero tan lejano que mi memoria no es capaz de recordarlo.

Aunque no siempre estuvimos juntos, muchas fueron las ocasiones en las que viniste a mi encuentro, muchas las noches en las que me despertabas cuando menos lo esperaba para que saliera apresurado a tu encuentro.

Pero ahora estás aquí conmigo, y me llena de tristeza verte, pues aunque intento alejarme de ti, sigues tan dentro de mí, aferrándote más a mi interior, haciendo más grande este vacío dentro de mí, arrancándome las fuerzas, como si yo fuera tan sólo una temporal pertenencia tuya

Pero estoy decidido a perderte, y esta vez te vas de mí, aunque luego regreses a tomar lo que crees es tuyo, pero estaré preparado para nuestro próximo encuentro, pues a final de cuentas soy yo quien tiene dominio sobre mis intestinos…

Fin