Aquel día era un fresco martes de febrero posterior al día de San Valentín, donde los enamorados se sienten más amados, y donde los solitarios se sienten angustiados por no sentirse tan amados.
Caminaba por la calle mientras aquel rejuvenecido sol desvanecía lo poco que quedaba de la madrugada, cuando a los lejos sobre un banco en la acera de aquella despoblada calle noté una silueta que repentinamente conquistó mi atención . Despacio me acerqué para no inquietarle, y allí estaba ella, tímida, hermosa y a la vez desecha, como si hubiera sido rechazada la noche anterior,o más aún como si hubiese cumplido un rol de tan solo una noche, pero aun así, era tan atractiva y llamativa que no pude evitar las ganas de acercarme y sentarme a su lado por lo que apresuré mis pasos temblorosos hasta llegar a su encuentro.
Una vez allí a solo unos escasos centímetros no era capaz de decir siquiera una palabra, tanto así que mi única actitud fue contemplarle, mirarle y admirar disimulada y silenciosamente su bien formado cuerpo.
El contemplarle provocaba en mi cierto sentimiento de calma y a la vez hesitación, eran tan agradable y tan terrible, una mezcla de quietud, ansiedad, miedo y felicidad, de haber encontrado algo tan especial, pero tambien ese temor de que aquello no lo fuera, o que quizás no fuera más que una creación misma de la necesidad de que aquel momento fuera tan especial.
El tiempo pasaba sin siquiera darme cuenta, como si el estar sentado allí fuera mi única razón de existir o simplemente la razón de continuar allí, sentado a su lado por el tiempo que fuera necesario, como si ella fuese suficiente para llenarme, saciarme, más no era del todo cierto. Aunque por su estado no era posible que expresara palabra alguna, sentía la necesidad de hablarle, de escucharle, pero nada sucedía. Por aquel instante tendría que conformarme con escuchar el diminuto y suave roce de la brisa fresca de mañana contra su forma, contra su bien moldeado cuerpo tal cual formado por dulces, tiernos y rojos pétalos.
Más no era suficiente, en tan poco instante ver y escuchar lo único que podría poseer de ella me dejaba incompleto por lo que sentí la necesidad y me atreví a tocarla, a que mis dedos sintieran el contacto con su suave y bien cuidada piel, en un impulso de confianza el cual terminó temeroso y tembloroso de cuál sería su reacción que tan solo con un primer toque se tambaleó, como si hubiera roto el equilibrio que la mantenía allí estática y en armonía a mi lado, sin más que hacer y ante el temor de que aquello que nos mantenía allí se quebrase retiré apresuradamente mis manos para seguir allí contemplándole quieta frente a mí.
Me inquietaba el saber más de ella, de seguir descubriéndola, de conocerla, de sentir que su aroma me llenara, de descubrir más aún su perfección, por lo que me acerqué despacito hasta que estuve lo suficientemente cerca para sentir su aroma, aquel sutil, suave, femenino y frágil aroma que me llenaba de tranquilidad y serenidad pero sobre todo majestuosidad.
Le susurré al oído tantas cosas, hasta convencernos de que estabamos destinados, y fué allí cuando consintió terminar junto a mi lado aquel trayecto que había iniciado un rato antes.
Partimos por aquella acera caminando juntos sintiendo aquella brisa fresca de mañana y por donde había venido hasta llegar a ella, pero ya no estaba solo, ella estaba allí conmigo, acompañándome en mi silencio y en mi camino a casa la cual sería mi único destino junto a su lado…
Al llegar a mi morada, abrí la puerta para que pasara delante de mí, como muestra de que aquel no era solo mi lugar, sino nuestro por el tiempo que nos fuera requerido.
Con un involuntario desapego me retiré un segundo dejándola allí entre los muebles de mi sala, para llegar minutos más tarde con aquel recipiente lleno de lo que sería su sustento por el resto de nuestro idilio. Una vez hecho esto, allí estaba plantada en un jarrón sobre la mesa, entre los muebles, con la luz de la ventana que acariciaba sus tiernos y olorosos pétalos, mientras del otro lado estaba yo, sentado contemplando aquella perfecta rosa que más que para mí, habría sido destinada para ponerla entre tus manos.